El 30 de marzo de 2017 se llevó a efecto una lectura poética en la Universidad de Villanova, U.S.A., con la participación de tres notables poetas latinoamericanos, dos de los cuales hicieron volar por esos aires “gringos” los sones de sus respectivos cantos, cargados del paisaje, de las gentes y de sus propias vivencias americanas. La hermosa reunión contó con la presencia de la Dra. Aurora Camacho de Schmidt, connotada poetisa mejicana y docente de la Universidad de Villanova, quien participó en calidad de presentadora y dio lectura al texto que nuestros seguidores leerán a continuación, texto que tituló “LA TINUSA: ¿GENERACIÓN O TIRADA DE DADOS?”, hermosa exposición y análisis referida un libro que recoge la producción poética de 20 exponentes latinoamericanos en Estados Unidos ( “Poetas Latinoamericanos in the USA”), entre los cuales está incluido nuestro coterráneo el académico en Literatura Hispanoamericana Dr. Carlos Trujillo, quien, junto a su colega peruano Róger Santibáñez ha sido convocado para la lectura en comento.

La Dra. Aurora Camacho, quien nos ha permitido anteriormente dar a conocer en nuestra página un hermoso y profundo comentario sobre el libro de poesía de Carlos Trujillo: “Postales de Filadelfia”, edición bilingüe traducida del español al inglés por Brian Yates y Joseph Robertson, ha mantenido con Trujillo una magnífica vinculación profesional motivada tal vez por compartir ambos esa “latinidad” que los identifica, por ser ambos “extraños” en el mundo del idioma inglés… o por la similitud cultural que hace hermanos a nuestros respectivos pueblos, especialmente en Chiloé, donde los hombres y mujeres de nuestros campos sienten predilección por las “rancheras” y “corridos” mejicanos, que suenan en las tardes lluviosas de nuestro archipiélago, en vuelo rasante ya sea por las ondas de Radio Chiloé de Castro o por el silbido melancólico de algún isleño en medio de la soledad y el verdor apacible de nuestros campos.

La lectura poética a la que hacemos mención, podría ser la última actividad oficial del Dr. Carlos Trujillo en Estados Unidos, pues él y su esposa Aydé se preparan para regresar a la tierra natal de ambos (Chiloé) para radicarse en forma definitiva, terruño que se añora cada vez con más intensidad en la medida del tiempo transcurrido y de la nostalgia que provoca la lejanía del archipiélago, de sus costumbres, de sus comidas típicas y de los seres queridos dejados allá hace ya muchos años.

Les invitamos a la lectura de este escrito y agradeceremos su comentario:

Atte:
Medardo Urbina Burgos.
Director Editorial Okeldan


LA TINUSA: ¿GENERACIóN O TIRADA DE DADOS?

Presentación de La Tinusa: Poetas latinoamericanos in the USA
(México: Casa Aldo Manuzio y Secretaría de Cultura, 2016)

Aurora Camacho de Schmidt

Villanova University
30 de marzo de 2017

Posiblemente la literatura en lengua española en los Estados Unidos haya empezado al día siguiente de firmarse el Tratado de Guadalupe Hidalgo, en 1848, aunque el Proyecto de Recuperación de la Herencia Literaria Hispana, que tiene su casa en la editorial Arte Público de Houston, se remonta a los exploradores españoles del Siglo XVI. En la época que comenzó al finalizar una guerra desigual en la segunda mitad del siglo XIX la poesía se encarnó en baladas y corridos, escritos especialmente en Tejas, que inauguran una forma de existir entre dos culturas. No es de extrañar que esa primera producción cultural tenga mucho de resistencia y oposición, como ha notado Américo Paredes, el autor de la novela George Washington Gómez, cuyo título nos dice tanto, gran folclorista, poeta e iniciador de los Estudios Chicanos como una disciplina híbrida e indispensable.

Pero si el arte de la palabra en español se inicia en este país con una raíz inevitablemente mexicana, pronto habrá otra raíz caribeña avecindada en Nueva York. Hacia finales del siglo XIX y por una parte del XX, los "torcedores" de cigarros cubanos y puertorriqueños hacían su trabajo alrededor de una mesa mientras alguien leía obras de ficción, poesía y ensayo, como nos cuentan las Memorias de Bernardo Vega (1977), popularizando obras locales entre otras producidas en España y Latinoamérica. Los periódicos neoyorquinos en español fueron medios de expresión del movimiento independentista que buscaba terminar el imperio español en América y lo consiguió con la guerra de 1898. José Martí es indudablemente el poeta y ensayista más notable de ese exilio temporal.

Más cerca de nosotros, poco después del triunfo editorial de la literatura latinoamericana conocido como el Boom, hay otra explosión literaria en Estados Unidos que ha llegado a definir la hispanidad, como la llama Carlos Fuentes, o la latinidad, como prefieren llamarla la mayoría de los autores actuales. Tres características definen esta producción. Primero, surgen las mujeres autoras ya no como minoría, sino en cantidad y calidad comparable a la de los autores. Segundo, su medio es el idioma inglés, aunque sus contenidos estén plenamente asociados a la vida de la gente que emigró de América Latina a los Estados Unidos y el inglés a veces se contagie de expresiones españolas. Tercero, además de marcar un hito en la historia de la literatura en los años setenta, ochenta y más allá, llega a ser un triunfo comercial. El público lector estadounidense lee a escritores como Oscar Hijuelos, Sandra Cisneros, Esmeralda Santiago, Lorna Dee Cervantes, o Julia Alvarez con el mismo interés con que lee la producción literaria establecida. No es extraño que desde hace poco tiempo el poeta nacional sea Juan Felipe Herrera, de California, cuya obra está escrita en inglés, pero un inglés que a veces está henchido de español.

Ahora, en la segunda década del siglo XXI, qué bien nos hace encontrarnos con La Tinusa, trescientas páginas de poesía en español, marcado en algunos casos por el inglés que rodea a los poetas, en el que se desenvuelve su vida diaria, el que los asusta cuando alguien prende el radio o la televisión, el que entra sin permiso a sus computadoras mientras están tratando de leer otra cosa, el que se atreve a tratar de instalarse en las entrañas del español mismo. La Tinusa nos quiere convencer de que existe esa palabra, que más parece el nombre de una gatita fina, porque así leemos en inglés con cerebros que fueron formados en una infancia de habla española, como los padres emigrantes que nombraron a sus hijos Usmaíl, e Ilóveny, o U.S. Mail and I Love New York. Y luego La Tinusa, todavía jugando con nosotros, nos dice en su subtítulo: "Poetas latinoamericanos in the USA", como para avisarnos que estamos en terreno peligroso si quisiéramos asumir que entre las dos pastas del libro hay una sola lengua, pura, íntegra, original.

A querer o no, el regalo de esta poesía fresca se relaciona con esa tercera hispanidad de la que habla Carlos Fuentes, aunque sería incomprensible sin la segunda. En El espejo enterrado Fuentes considera cómo la primera hispanidad que brota de España lleva la marca de un mestizaje. No hay España sin entrañas moras. Como decía el poeta cubano Nicolás Guillén, no es necesario decir "afrocubano", porque no existe ninguna Cuba que no sea Afrocuba. Nuestra segunda hispanidad, en el seno de la cual los veinte poetas de La Tinusa nacieron y pasaron su infancia, es igualmente mestiza, pues ha formado su alma absorbiendo mundos indígenas y africanos desde Mesoamérica hasta Tierra del Fuego. Y aquí, in the USA, brota la tercera hispanidad, construyendo apenas un mestizaje más difícil, menos visible desde donde estamos, pero implacable. Los poetas latinoamericanos in the USA llegan de fuera, como los conquistadores españoles. No llegan en son de guerra, sin embargo han impuesto su lengua. El español no es ya una lengua extranjera, sino la segunda lengua in the USA.

Entre los veinte poetas que nos dan La Tinusa, 18 son profesores de literatura en universidades in the USA y uno es curador de arte latinoamericano en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Encuentro este hecho muy significativo. El mundo académico de este país experimentó un auge en sus programas de literatura española con los grandes maestros que habían salido de España al exilio por la Guerra Civil. En igual forma la represión de las dictaduras latinoamericanas de la segunda mitad del siglo XX, íntimamente ligadas a la lógica de la Guerra Fría, lanzó al exilio a muchos jóvenes intelectuales. La madurez de esa generación coincide con el ocaso de la hegemonía de la literatura española en la academia, puesta en jaque por el gran interés literario en los poetas nacidos entre 1889 y 1925: Gabriela Mistral, César Vallejo, Vicente Huidobro, Miguel Ángel Asturias, Jorge Luis Borges, Nicolás Guillén, Pablo Neruda, Octavio Paz, Nicanor Parra y Ernesto Cardenal. Se abre así un espacio para los jóvenes nacidos entre 1950 y 1963, las coordenadas de la obra que nos ocupa. ¿Qué significa esta novedad? Los poetas de La Tinusa son lectores críticos, conocedores a fondo de la gran poesía latinoamericana de los siglos XIX y XX. Esto no significa que sigan a los grandes poetas, sino que se han nutrido con su savia.

Y no sólo son herederos los poetas de la Tinusa de la gran poesía española y latinoamericana. Tienen a su alcance también las voces de Walt Whitman, T.S. Eliot, Wallace Stevens, Ezra Pound y William Carlos Williams, si desean leerlos en su original inglés, pues todos los poetas de La Tinusa son bilingües y en alguna manera traductores. ¿Qué más sabemos sobre ellos? Son poetas, plenamente poetas que han estado publicando desde muy jóvenes y con regularidad. Son trece hombres y siete mujeres; entre ellos hay cuatro peruanos, tres chilenos, dos puertorriqueños, cubanos, mexicanos y venezolanos; más un nicaragüense, una colombiana, un ecuatoriano, un uruguayo y una argentina. Todos han recibido premios por su obra poética; todos tienen un buen número de libros publicados. Aparecen en el libro de acuerdo con el año de su nacimiento e inician sus secciones con una declaración de su propia estética.

El editor y compilador, Arturo Dávila, de California y México, nos entrega también un ensayo introductorio lleno de finas observaciones sobre los poetas de la muestra. Y prefiere Dávila llamar "muestra" a la colección y no "antología" porque sabe que ellos no se consideran pertenecientes a una generación, aunque hayan nacido al iniciarse la segunda mitad del siglo XX. La "muestra" libera a los poetas a hacer propuestas individuales, a elegir los poemas con los que quieren verse representados y no los que siguen un esquema pre-establecido. Esa libertad enriquece la colección. Su variedad es asombrosa.

Recuerdo dos versos del poeta de Filadelfia y Colombia, Fernando Méndez, pronunciados hace más de treinta años: "qué extraño tu nombre en otra lengua /qué extraños mis pies en otra tierra". Ese sentimiento de enajenación sigue vivo en Rubén Medina, poeta y traductor mexicano, cuando dice: "La memoria / el pulso / y la obstinada búsqueda / de una ciudad de otros / es el único país / que me queda". Sin embargo, más que la pérdida, Medina desea concentrarse en la desubicación para poder ver un mundo más grande, donde decide ser nómada. "Escucho / el gemido del mar/ del golfo/ y del pacífico/ en un solo / y enorme latido." Este poema se transforma en lengua inglesa en su siguiente estrofa: "I feel Winter's air," dice su empiezo. No hay bisagra entre uno y otro idioma. Fluye. Es parte de una propuesta muy rica.

También encontramos poetas interesados en luchar contra el lenguaje, rompiéndolo (Dávila); poetas líricos que ahondan en su propio interior (Velázquez); poetas metafísicos para quienes el poema es una llave de búsqueda trascendente, y por eso tiene que estar bien cincelada y templada (Urbina); poetas cuya obra es un canto al cuerpo humano, femenino y materno (Dreyfus); poetas que quieren acercar sus poemas a la pintura (écfrasis), o a la canción llena de resonancias históricas (Pérez Orama). Hay un poeta que contempla lugares de su nuevo país, y paladea sus nombres extranjeros, incluso de los pueblos originarios, mientras deja fluir recuerdos de su patria que lo anegan (Chirinos); hay otro cuya obra está en diálogo con la cibernética, con la lengua inglesa y la fotografía, todo al mismo tiempo (Correa-Díaz), y tanto más. La Tinusa es una fiesta.

Esta es apenas una introducción a la lectura de dos poetas consagrados, Róger Santiváñez y Carlos Trujillo. Sus lecturas hablan por sí mismas. Haré pues comentarios muy breves.

En la poesía de Róger Santiváñez encontramos una avidez por comunicarnos algo urgente que no se deja asir con facilidad. Hay en su obra una presencia tutelar vallejiana, pero no se trata de una influencia directa o una copia de métodos. Es más bien el esfuerzo de hacer decir a la lengua algo difícil de expresar, lo cual puede conducir al poeta a violentar la sintaxis. Los lectores tienen que escuchar, dejar que el poema haga su trabajo fuertemente sonoro, aliterativo, musical antes de cantar victoria y pensar que ha captado el poema en su hondo significado. Pero la superficie visual del poema es impecable: los versos bien medidos provocan algunas veces que la palabra se quiebre no sólo entre dos líneas, sino dos estrofas.

La memoria de Róger Santiváñez ubica y desubica al sujeto hablante, o superpone planos del Perú en lugares del enorme país del norte. Hay que decir además que Santiváñez es un poeta del amor. Varios de sus poemas, lejos de estar cifrados, se ofrecen como una narrativa sencilla y cálida de la memoria conjurada instantáneamente por la visión de un espacio semejante a otro que se vivió en el pasado; ahí una persona amada sostiene la integridad de la escena y la eleva a una visión nítida y emotiva.

El énfasis en color y sonoridad del lenguaje acercan al poeta a la tentativa modernista, pero está lejos de ese movimiento en su decisión de alcanzar cargas profundas de sentido existencial. Tengo hambre de escuchar lo que he leído en silencio. Se trata de poesía letrada, pero hay valores orales en ella de gran valor.

He conocido la poesía de Carlos Trujillo desde hace muchos años. Lo he visto crecer como poeta, aunque desde la primera fase de su producción era ya un poeta extraordinario, con una voz inconfundible. Bien dice Arturo Dávila que Carlos va persiguiendo en sus poemas, como Huidobro y Paz, el ser mismo de la poesía. Y parte de la maravilla de seguir su viaje poético es darse cuenta de las múltiples formas que toma su indagación de la palabra.

En la obra de Carlos también hay oralidad. En su introducción nos dice que hubo un tiempo en que creyó que todos debían hablar en verso, cuando como niño leyó La Araucana. Esa oralidad es el habla entrañable del pueblo de Castro, donde nació, en el archipiélago de Chiloé, en Chile, donde los vecinos se reúnen para escucharse hablar y para hacer trabajos comunitarios. Por eso la palabra está cargada de conexión humana, de vida en común, de afecto.

En La Tinusa Carlos Trujillo nos da una primicia de lo que indudablemente será otro libro con un hermoso título. Tendrá una gran unidad de perspectiva, pues en él la palabra va a ocupar el primer plano. Ahora se trata de una palabra traviesa, capaz de saltar y aparecerse donde quiere, aunque a veces llegue con solemnidad y atrevimiento a plantarse muy cerca del poeta, que no tiene más remedio que someterse a sus designios. Pero más allá del juego y la travesura el poeta nos está invitando a pensar en el misterio de la comunicación humana, en el cable de alta tensión que es la poesía, como en "La mano" o "Todo es prólogo". O como en "Dudo que el amor sea así, Anigma Ácida" en donde el hablante nos brinda entera la experiencia de un sueño que se vuelve una visión trascendente. Ahora la palabra persigue al poeta y él obedece.

Esta tarde es un día especial, pues posiblemente se trate de la última lectura poética de Carlos en la Universidad de Villanova. Yo siento que las palabras de Carlos van subiendo por las paredes, se instalan de un salto aquí en el podio, se meten donde sea para dejar testimonio de que aquí hubo una vez un poeta de talla que les dio a los jóvenes y a sus colegas un regalo inestimable, el hambre misma de la poesía. Gracias, Carlos. Como dice el último poema de tu selección, "Si nunca hubiésese escrito", ¡Qué regalo, mi Dios!

LIBROS DE EDITORIAL OKELDAN

  LIBRO

VALOR (Pesos Chilenos)

      LA HUELLA DEL ABTAO. (Segunda Edición) Incluye Video
Autor: Medardo Urbina Burgos
$7.000.-
RETRATOS VACIOS (Cuentos)
Autor: Igor López Yañez
$3.000.-
LA LEYENDA DEL CAPITÁN (Novela Corta)
Autor: Pedro Rubén Azócar
$5.000.-
NADA QUEDA ATRÁS (Fotografias y Poesía)
Autores: Milton Rogovin (USA), Carlos Alberto Trujillo (Chile)
$15.000.-
LAS PUNTAS DEL AGUA (Cuentos de Chiloé)
Autor: José Teiguel
$4.000.-
ENTRE BARCOS Y TRENES (Incluye Video)
Autor: Juan Pedro Miranda
Fotografías de la Colección Alberto Trivero
$10.000.-
LELBUN EN LA MEMORIA 1929-2009
Autor: Gerak Millalonco Velásquez
$4.000.-
desertores DESERTORES (Incluye Video)
Autor: Medardo Urbina Burgos
$8.000.-
EL MUNICIPIO Y LA CIUDAD DE CASTRO
Desde el incendio de 1936 hasta el sismo de 1960
Autor: Rodolfo Urbina Burgos
$8.500.-
LA HERMANDAD DEL ESCAPULARIO (Novela infantil)
Autora: Rina Cárdenas Ulloa
$5.000.-
  EL NIÑO Y SU ENTORNO
Riesgos para el niño, su prevención y manejo en la vida cotidiana
Autor: Dr. Antonio Galletti Alveal
$10.000.-
FRAGMENTOS DE LA COTIDIANEIDAD DE LOS CHILOTES. CASTRO 1940 - 1949
Autor: Rodolfo Urbina Burgos
$7.000.-
HISTORIA DE QUELLÓN
Autor: Juan Bahamonde Cantín
$12.000.-
CHILOÉ: EL LEGADO DE LOS OFICIOS
Autor: Luis Soussi Contreras
$8.000.-
ASPECTOS DEL VIVIR DE LOS CHILOTES. CASTRO 1950-1960
Autor: Rodolfo Urbina Burgos
$10.000.-
MUERTES SUCESIVAS
Autor: José Teiguel
$4.000.-
SI NO FUERA POR LA LLUVIA. Milton Rogovin en Chile
Autor: Carlos Trujillo
$6.000.-
imagenes del pasado portada chica IMÁGENES DEL PASADO. CHILOÉ SIGLO XX
Autor: Cristian Díaz Caballero
$8.000.-
portada lalo cerna chica EDUARDO (LALO) CERNA, Un referente de la cultura chilota
Autora: Norma Cortés Guelet
$6.000.-

Medardo Urbina Burgos
E. I. R. L. RUT 52.001.523-K
EDITORIAL OKELDAN
Pineda y Bascuñán 22, Villa San Pedro. San Pedro de la Paz
Teléfonos: (41) 2137564 - 2238915 - 94147519
CONCEPCION – CHILE.

Los Orígenes

Revista ChilhuePrimero fue la Revista CHILHUE. Fue en 1969 cuando apareció su primer número. Era el mes de mayo de ese año. Fue una revista humilde, mimeografiada y con papel roneo que editábamos los estudiantes chilotes de la Universidad de Concepción para resumir trabajos y mantener informados a los socios colaboradores del Centro de Estudiantes Chilotes. Teníamos una biblioteca con los libros más utilizados en los primeros años de las carreras científicas y humanistas. De toda esa actividad era necesario dejar un registro y así surgió la revista Chilhué, con tapas de carátula impresas a dos colores en sistema “silskreen”. Eliecer Paillacar, Manuel Gallardo Pérez, Eduvín Alarcón Serón, Viana Vera Avendaño, Jorge Diaz, Rina Sánchez, Hugo Sánchez, Laurita Martínez, Medardo Urbina, Mario González Kappes, Irma Hermida, Sonia Caicheo, Carlos Alberto Trujilllo…eran algunos de los colaboradores.








El Hogar Chilote

Pasaron los años y nos hicimos profesionales. Entonces formamos el Centro Chilote de Concepción. Era Septiembre de 1974. Arrendamos una casona para hacer funcionar el Hogar Universitario Chilote, en Victor Lamas 1090, a sólo cuadra y media de la Universidad de Concepción. Era también la Sede del Centro Chilote, que aglutinaba a unos 60 socios cooperadores y - además- el lugar donde se elaboraba y se compaginaba la Revista CHILOÉ, impresa en sistema off-set, con un tiraje de 1000 ejemplares. Salimos a la luz ganándonos un espacio privilegiado en los medios de comunicación locales. Recibimos –de ese modo- ayudas insospechadas para el Hogar Universitario: mesas, sillas, lámparas de escritorio, camas, colchones, ropa de cama, libros, alimentos no perecibles, fueron llegando por donaciones voluntarias de personas anónimas. En total fueron cerca de 50 los estudiantes chilotes de escasos recursos que lograron titularse durante los años que duró el Hogar. Y fueron 10 los números editados de la Revista CHILOÉ.


La Muerte de una Ilusión

El cambio de la Directiva del Centro Chilote fue sinónimo de desastre, porque a poco andar se perdió la revista Chiloé y luego se cerró el Hogar Universitario Chilote, que pasó a ser administrado en forma particular, perdiéndose de paso la Sede de la institución. De lo que se formó con tanto esfuerzo, con tanto corazón y con tantas esperanzas, no quedó sino sólo el hermoso recuerdo de lo logrado y el amargo sabor de la frustración por haberlo perdido todo a poco menos de un año del cambio de directiva.

La Huella del AbtaoLos Primeros Libros

La pasión por las publicaciones y la difusión escrita nos llevó a editar nuestro primer libro: LA HUELLA DEL ABTAO, en el 2003, a partir del cual se formó la Editorial ISLA GRANDE, (aludiendo a la Isla Grande de Chiloé). El éxito alcanzado con la distribución de este libro, forzó a la Segunda Edición de 2000 ejemplares en un formato mayor, aumentando el número de páginas, las imágenes, y los dibujos, enriquecidos con la adición de cuatro mapas. Aquella Segunda Edición fue el 2005.



El Primer Video y el Documental

 La Universidad ARCIS de Santiago de Chile, había seleccionado el libro La Huella del Abtao como uno de los mejores libros editados en Chile acerca del medio natural, y un buen día solicitaron autorización para desarrollar un documental que mostrara el recorrido descrito en el libro, de aquel sendero que atraviesa la Isla de Chiloé de Este a Oeste y –atravesando la Cordillera de Piuchué- cae al Océano Pacífico junto a la desembocadura del río Abtao. La expedición contó con 9 personas: periodistas, camarógrafos, sonidistas, ayudantes, y el apoyo de José Nonque, baqueano de aquellos territorios indómitos, junto a su caballo “Muchacho”, que logró transportar los pesados materiales para la filmación, al cabo de 7 días de fatigosas marchas por la espesura del bosque chilote. El periodista Christian Navarrete, -quien organizó y dirigió la expedición- editó finalmente el documental La Huella del Abtao, que fue lanzado en Mayo del 2006 en el Centro Cultural de La Moneda en Santiago de Chile, con gran éxito.

En el intertanto, la Editorial Isla Grande editó el libro de cuentos RETRATOS VACIOS, del joven escritor Igor Lopez Yañez, uno de cuyos cuentos ganó el Premio Nacional de Cuentos para Radio y Televisión el año 2004.

La Leyenda del CapitánEl Libro de Azócar

          El año 2005 se publica LA LEYENDA DEL CAPITAN, del excelente escritor chilote Pedro Rubén Azócar, quien fuera hijo de Rubén Azócar, el amigo de Pablo Neruda, y sobrino de Albertina Azócar, la apasionada musa del poeta chileno. Azócar recrea la vida de un villorrio chilote de las cercanías de Chonchi y analiza en esta hermosa obra la filosofía y la forma de vida particular del Chiloé de principios del siglo XX, respetando la genuina y sui generis expresión oral de los isleños. Esta riqueza del lenguaje y el respeto fiel a las costumbres isleñas, se debe a que Azócar es antropólogo y uno de los más profundos conocedores de Chiloé. Se suma al nutrido currículum el hecho de haber trabajado en el Museo del Hombre en París, con la notable arqueóloga Annette Laming (esposa de Joseph Emperaire, el arqueóloo autor de “Los Nómades del Mar”, notable estudio de los Kaweshkar, pueblo vestigial de los canales australes). Posteriormente trabajó en el Museo de Gotenburgo en Suecia y después de jubilar en ese país, regresó a Chiloé, donde siguió escribiendo en el puerto de Quellón, desde sus experimentados 80 años, donde vivió con su esposa Anita Avendaño hasta el 15 de Agosto de 2010, fecha de su fallecimiento a la edad de 82 años (Véase en sección ARTÍCULOS "Despedida del escritor Pedro Rubén Azócar").









Nada queda atrásRogovin y Trujillo "remiran" Chiloé

El 2008 aparece la obra NADA QUEDA ATRÁS, bajo el diseño de Edward Rojas, del Museo de Arte Moderno de Chiloé, que contiene fotografías captadas por Milton Rogovin – notable fotógrafo norteamericano- en el pueblito de Quemchi ( Chiloé) en 1967 a sugerencia de Pablo Neruda y Francisco Coloane. Las fotografías permanecieron ocultas y mudas por 40 años, hasta que Carlos Alberto Trujillo, poeta chilote docente de la Universidad de Villanova, Estados Unidos, las descubrió y escribió un poema para cada una de las imágenes, haciendo así hablar a los retratados por Rogovin cuarenta años atrás. El resultado es un impresionante diálogo entre la imagen y el poema, que Edward Rojas califica en su comentario como “ la doble imagen de la verdad” y que rescata de las cenizas del tiempo a ese Chiloé profundo y desconocido de años posteriores al terremoto de 1960.









El 2009 recibe a la Editorial Okeldán con dos títulos simultáneos:

Las Puntas del Agua

La Narrativa de Teiguel

LAS PUNTAS DEL AGUA, del notable escritor chilote José Teiguel Teiguel .obra en la que los cuentos chilotes, bailan y danzan en una sinfonía literaria pocas veces observada en Latinoamérica. Teiguel nos muestra ese Chiloé intenso, sufrido y real. Aquel Chiloé incierto, azotado por las fuerzas de la Naturaleza, las ventiscas, los mares, los odios y las locuras que rondan en el paisaje, dándonos una imagen muy lejana y opuesta a la bucólica y maravillosa concepción que los medios de comunicación han idealizado del hombre y las islas del archipiélago. Este contraste sorprende y estremece -y a veces violenta los sentidos- pero cautiva profundamente por la belleza del lenguaje y la permanente sensación de estar descubriendo una nueva cara –insospechada- de este archipiélago mágico.











Reaparece el trencito de Chiloé

ENTRE BARCOS Y TRENES, del novel escritor Juan Pedro Miranda, es una obra de lujo. Una joya literaria por el hermoso diseño realizado por el notable Oscar Lermanda y por el rescate de imágenes de la primera mitad del siglo XX de un Chiloé perdido, desconocido y oculto, que reaparece luminoso gracias a las memorias de Juan Pedro Miranda, que recrea en las 130 páginas del libro, la realidad que le correspondió vivir en torno al Puerto y a la Estación de Ferrocarriles de Castro en la década del 60. Se rescata así la bullente vida del Puerto Libre y la febril actividad de las estaciones a la llegada o salida del trencito de trocha angosta que corría entre Castro y Ancud entre 1912 y 1960, dando vida al comercio y a los campos aledaños a la vía, como también a los estudiantes, que usaban ese medio de transporte para acudir a estudiar a Ancud, cuando esta ciudad era el centro cultural de la isla.

 

Entre barcos y trenes



Medardo Urbina Burgos
Director Editorial Okeldán. 

 

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