"Dile a Laura que la quiero,
dile que yo la adoro,
que hoy me atrasaré,
pues tengo que hacer,
ya la veré”.
(Ray Palaviccino)

 

Encendido del motor

No sospechas cuáles son las razones que te llevan a recordar esa añeja canción de Ray Palaviccino.

“Dile a Laura que la quiero”, creo que se llama. “Laura y Tommy se amaban...para ella él quería lo mejor…”, así comienza. En realidad el tema de la canción trata de dos muchachos que se aman profundamente y desean casarse. Un día él va a competir a una carrera clandestina, sin que ella lo sepa. En la carrera su auto explota en llamas, él muere y antes de dar su último suspiro exclama “dile a Laura que la quiero”. En fin, es una letra un tanto banal y lacrimógena, de las que en nuestro país solía componer la denominada Nueva Ola. O sea, nada especial, pero livianita y pegajosa, una canción oreja.

El cerebro tiene a veces una manera de funcionar que no guarda relación alguna con tus deseos verdaderos o con tus propósitos más íntimos, piensas. Y no te explicas por qué razón justo en este momento, cuando recién estás por comenzar un día luminoso, te da por pensar en la letra de esta canción y no en otra. Y en verdad ni el ambiente ni la ansiedad de este día calzan de modo alguno con esta letra de los años sesenta, cuando todo era más sencillo, más fácil, más en blanco y negro.

Es más, dadas las circunstancias felices que estás viviendo, podrías recordar una canción más actual y alegre, una de Américo, por ejemplo. O algo bailable de Chico Trujillo. Pero no, justamente te tienes que acordar de ésta. Será porque estás casado con Laura, porque él la cantaba a cada momento, o porque cuando todavía solías emborracharte tú también la berreabas a todo pulmón. O será que en los días especiales como éste, tu mente acciona, así, automáticamente, como en un chasquear de dedos, la letra y la melodía de esta canción.

Como ha venido ocurriendo todos los días hábiles, durante los cinco últimos años de tu vida, te has levantado a las seis de la mañana. Te has duchado de manera cansina, casi ceremoniosa, degustando durante diez minutos del chorro tibio que acaricia tu cuerpo. Te has secado prolijamente, te has afeitado con parsimonia, casi con jactancia, mientras tarareas la canción cuya letra, para sorpresa tuya, recuerdas de principio a fin. Con el torso desnudo y la toalla anudada a la cintura has ido a la cocina y has puesto a hervir agua.

Tazas, platillos, tenedores, se despliegan sobre la mesa del comedor. Como seres diminutos dispuestos a un combate amable alineas la mantequilla, el azúcar, el jamón, el pan, las láminas de queso. Desde una esquina de la mesa observas la superficie poblada y mansa del desayuno y de la taza que humea cálida esperando a que te sientes y le ataques al café. Luego bebes el desayuno con la alegría de un niño sano.

Terminas de vestirte, de anudarte la corbata, de revisar el brillo de tus zapatos, antes de concluir con el resto del rito que consiste en lavarte los dientes y besar a Laura y a tus dos pequeños que estarán en pie dentro de media hora. Has salido a encender el motor del furgón, para que se caliente.

Para cuando dejas de tararear la canción del día, el motor ronronea despacito, recibidor, invitándote al recorrido diario.

Después vienen las avenidas, las calles, los pasajes, los caminos de tierra.

En el recorrido de tu trayecto diario has recogido al último pequeño de la más lejana colina de la ciudad y luego has partido hasta el colegio. A las ocho y media de la mañana has terminado con éxito la primera parte del trabajo. Aún queda tiempo para revisar la presión de los neumáticos y ese ruido casi imperceptible en el freno delantero izquierdo. Lo admitas o no, eres un profesional concienzudo al que le gusta que todo funcione como un reloj suizo.

A las diez de la mañana estás ante el paradero que da al frente de la cárcel.

A las diez de la mañana estás parado frente a lo que se viene, frente a tu hermano dos años menor que tú, al cual no has visto durante seis años. A las diez de la mañana fumas un cigarro, te alisas el pelo y celebras ese sol tranquilo que se ha levantado por entre unas nubes ralas, iluminando el evento que se aproxima. La mañana viene provista de un viento moderado que acarrea cosas menudas. O sea, todo está dispuesto para el gran acontecimiento del encuentro.

A las diez y media justa ocurre el abrazo interminable, las primeras palabras al amparo de la libertad, ciertas lágrimas perezosas buscando su piso de apoyo, disculpas mutuas, el bolso con las cosas personales del ex presidiario acomodado en una de las corridas de asientos de la parte trasera del furgón.

Y otra vez arriba del vehículo. Del furgón cuyo motor continúa ronroneando.

El naranjo escolar reluce bajo los rayos del sol que se apropia espléndido de las calles de la ciudad y de la carretera. Las palabras de exploración y el retorno también relucen. Las preguntas, las respuestas forzadas, el sigilo de cada frase, como quien pisa sobre vidrios rotos.

La mañana es una celebración.

Solo la encrucijada tiene color opaco, la trampa del brindis a las once a.m. Solo una copita. Sí, ya sé que andas manejando y que transportas a escolares pero qué más va a ser una copita por los primeros minutos de libertad en seis años. Es la voz cortada de telegrafista que no has podido olvidar y que entibia tu cerebro. Pasemos en donde siempre. Que la celebración por el retorno incluya una breve visita al bar de la esquina, ese mismo barucho que frecuentabas hace seis años atrás, el mismo bar de la noche infausta. Allí donde hace seis años se quedó un cadáver tendido sobre el piso, mientras tu hermano partía a la cárcel.

Durante todo este tiempo no has bebido ni una gota, pero de pronto piensas que en el fondo del asunto tal vez sea bueno esto de pasar a visitar un momento el lugar de los hechos. Quizás para sacarse las malas vibras del recuerdo, tal vez para probar que se puede vivir una vida distinta después de haber andado pateando tarros en la población, en el campo, en los barreales que eran la única extensión del paisaje boca abajo que conoció tu infancia.

Posiblemente sea bueno no percibir que detrás del mostrador el cantinero te observa con miedo y su barbilla tiembla. Tu hermano aprovecha de pasar al baño. A la vuelta te solicita unas monedas y pone en funcionamiento el viejo wurlitzer. Casi como un milagro el aparato funciona y la canción solicitada suena como si recién fuese estrenada (la canción que has recordado al levantarte). Por lo pronto el corazón marcha en retroceso. Y la memoria retorna a su sitio originario.

El brindis se ha prolongado más de la cuenta. A media cuadra espera el furgón caliente bajo el sol caliente. A las catorce horas menos diez te das cuenta que formas parte de los dos fardos que salen de la cantina. Alguien les levanta una mano desde la entrada del bar. No puedes saber quién es. Quizás sea el mismo Ray Palaviccino que los felicita por el regreso. Son las dos de la tarde, hora de subir al furgón.

Dos botellas para el camino.

Es hora de iniciar el retorno

Primera y segunda

No hablemos / del retorno/ mejor/ no hablemos/ Aunque hablar /del retorno signifique/ respirar el aire / que se ha perdido/ sobre todo /después/ de seis años/ en cana/ seis años / a la sombra/ No hablemos / del retorno/ Aunque/ después de todo/ es bueno/ magnífico/ recordarlo/ recordar que por eso/ se ha vivido/ / recordar / que mis párpados / caen
caen/
bajan/
suben/
bajan otra vez.

Mi cuerpo no / responde/ a mis latidos/ el furgón no / responde / a los cambios/ el gendarme no / respondía / a mi angustia/ la botella no / responde / a mis preguntas /
La botella / es alargada/
la botella contiene / en su interior/
a dos hombres/ muertos/
más el que me pitié / hace seis años/
la botella y la cana/
la cana y la cantina/
Cana-cárcel-cantina-crimen-cuchillo-curao-
comienzan con C de criminal/

Y tu nueva vida/ Silvio/ y la novia mía/ la Laura / que terminó / en tu cama/ maricón/ La Laura / con la que tienes / dos hijos/ doblemente maricón./ Y tu furgón Silvio/ el furgón / que estás pagando/ en cómodas / cuotas mensuales / el Furgón / del Silvio / dicen todos/ con envidia / El Silvio proleta/ con furgón nuevo/ Cuando / me encanaron / no tenías por dónde / y en cambio ahora/ con Furgón Escolar/ Silvio / el del furgón / seguro / dejaste de tomar / seguro / aprendiste la lección / Aunque un día / un día / terminarás mal / muy mal / El furgón / por el que empeñaste / la mitad / de tu vida / la mitad / de tu muerte / el furgón / japonés / asiático / Silvio asiático / Silvio y el furgón / astillas / del mismo fierro/ Silvio es un hombre/ nuevo/ Como quien dice / : borrón / y cuento nuevo/ los tubérculos / bien puestos/ Silvio / que te estás/ comiendo / a la que fue / mi mujer/ Jamás fuiste / a verme / a la cana / porque estabas / ocupado/ en meterle/ fierro a Laura.

Velocidad crucero

El furgón. Por él has empeñado la mitad de tu vida. Y te lo compraste crudito, para que todos supieran en el barrio lo que puede lograr un ex alcohólico, a puro ñeque y convicción, sin necesidad de convertirse en canuto. De ahí al transporte escolar, a afirmar la pega y la familia, una buena esposa, dos hijos. De ahí a apuntalar a la vieja mientras estuvo contigo, y a tu hermano caído en desgracia. De allí la plata necesaria, para que tu vieja visitara cada domingo a tu hermano, porque nunca te atreviste a dar la cara, después de lo que pasó con Laura. Cariños de tu viejecita que siempre te repitió “tú sí que supiste salir del pozo. El otro se perdió, pero tú salvaste la camada”. Y a cuidar la herramienta, los cambios de aceite, la revisión técnica, los engrases, permisos de circulación, pintura, seguros. Y a cuidar de los peques. Traslado a un mejor barrio. Chequeo médico para toda la familia. La plata del arriendo, del jardín infantil. El dinero para el petróleo. Las visitas a la casa de la vieja, que incluyen once y cena los fines de semana. Regaloneo de los nietos a la abuela. Encerado de la joyita. Buenas relaciones con los padres de los peques que usan el transporte. Consideraciones especiales del colegio. La vida que te muestra su mejor sonrisa. Éxito asegurado. Para ti los bares son materia superada, cosas del pasado. Los bares están al otro lado de la calle. Desde hace casi seis años los bares están en la vereda de enfrente.

Velocidad crucero, cambios suaves, que el motor te pide cuerda, con la seguridad que ahora eres tú el que controla la velocidad. Velocidad crucero y hay que cuidar lo que Dios te ha dado. La vida se cobra su parte. Una tarde de invierno fallece tu vieja. Falta un mes para que tu hermano salga en libertad. Tu madre te lo ha recordado, te lo ha exigido. No te queda otro remedio que ir hasta la cárcel para traerlo a casa. Eres un hombre responsable. Si le has prometido a tu madre que irás por él así será, así ha sido.

Aparentemente tu hermano ha cambiado aunque conserva su hablar cortado, de tartamudo, de tartamudo que versea, su hablar casi como quien responde un ora pro nobis interminable. Recuerdas que quería ser escritor, tenía una hermosa polola -la que ahora es tu mujer-, las minas lo aplaudían a su paso, le gustaba la poesía, era seco para el básquetbol. Pero apostó por la calle.

Con tu madre hablaban constantemente de tu hermano, de cuando eran chicos y repartían leche durante las mañanas, tratando de esconder las escasas ganancias de las garras de tu viejo, que solo pensaba en el primer trago del día. Tu padre era chofer de camiones. Chofer y alcohólico. Recuerdas que junto con tu hermano a diario deseaban un milagro fastuoso, uno solo que concentrara todos los deseos: que cayera un árbol, que viniera una pulmonía, o que un vaso de veneno se llevara a tu padre al mismo infierno.

Voy a ir a esperarlo cuando salga, le prometiste a tu madre. Estaré a la salida de la cárcel, lo abrazaré y lo traeré de vuelta a la casa tuya, a la huerta donde soñaba tirado de espaldas sobre la paja. Te prometo que te lo traeré sano y bueno, le juraste a tu madre aquella vez. Y ella nuevamente te repitió, cómo le agradezco a Dios que me haya dado un hijo como tú.

Cuarta, quinta…

Silvio/ a ciento veinte/ a ciento veinte / por hora/ Silvio hermano / Silvio caliente/ que te estás cogiendo / a mi mujer/ a 120 x hora/ A todo fierro / a recagar / la caja / de cambios / El motor al rojo/ El furgón aguanta/ el motor se calienta / Las minas / se calientan / más rápido / que un motor / las minas se apuran / El furgón + la pasión / en conducirlo = a ciento cuarenta / del verbo te juro / mi huacho/ Y te pasas / esa curva / y esa curva / ya no existe / es historia/ tiempo pasado / del verbo ya no/ Ancud nuevecito / mi gendarme/ Ancud de finales / de los ochenta / mi gendarme/ Cómo se inauguran / poblaciones / sufrido / pueblo de Chile / Cómo se progresa / sufrido Chiloé / Pronto se vendrán / los supermercados/ ya están aquí / los estacionamientos / Los cogoteros / ya no / son tan giles/ como hace / seis años/ Viva Chile mierda/ Viva Chiloé / tierra de gaviotas / tierra de maricones / que se comen / a la mujer / del hermano/ Silvio / pasa la botella / la botella / y tú que decías / que no volverías / a tomar / un solo trago / en toda tu vida / Silvio / la botella/ Paisaje / nuevo a la vista / a ciento cincuenta / Silogismo /: ciento cincuenta / kilómetros de velocidad + paisaje / azul postal = el destino / nos espera / Y esa próxima / curva / la pasamos volaos / y que la ilusión / del retorno/ sea pronto / la ilusión / de verte, Laura / la ilusión de alegrar / tu rostro / triste, Laura / Los deseos / de ver el / barrio, Laura / La ilusión de ver / a los muchachos / del barrio / que me despidieron / llorando / con los ojos / desolados / y el sonido / sordo del cuchillo / entrando suave / en el pecho / del que / me pitié, Laura / Porque te trató / de puta, Laura/ Los ojos tristes / de los muchachos / de la pobla / doce pares / de ojos tristes / doce pares / de zapatos / sin cordones / para que no / nos colgáramos / dentro de la celda / doce apóstoles / que se echaron / el pollo/ doce estaciones / que es preciso cruzar / a toda velocidad, Laura / para no / llorar, Laura / y cantar /despacito, Laura

“Mis amigos / son unos / atorrantes
que acuden / cuando saben / que yo espero
si les roza/ la muerte, / disimulan
que pa’ ellos/ la amistad / es lo primero…”

Laura/ Puta / que me está / saliendo/ bueno / el poema, Laura/ plagio al Serrat / al Joan Manuel/ Serrat/ que me acompañó / seis años en cana / Y el furgón / que vuela/ El furgón Silvio / Parece que vas/ más curao que yo / Silvio / baja la velocidad / conchas de tu madre / baja la velocidad / que nos matamos / Baja la velocidad /que quiero ver / el paisaje / Pareciera que pintaron / los árboles / para que salgan / más bellos / en las postales / del Chiloé / turístico / Chiloé / típico / Silvio por la chucha / baja la velocidad / Silvio por la cresta / baja la velocidad / Silvio detente / para mandarnos / otro trago / Este por mi colegio / este por el viejo / maraco / de castellano / que nunca / entendió / mi poesía / Este otro / por el gendarme / que cuidó de mí / durante / seis años / me cuidó más / que custodió / Era buen paño / La cabeza no / la siento/ las manos no/ las siento / los manzanos no / los siento / la huerta no / El furgón a 140 / y esa curvita / curvota / curveta/ la pasamos Silvio / otro trago / y el Suzuki / estacionado / le volamos la raja / a la industria / nipona / ¡ay que rico: / le volamos / el tapabarros / el taparrabos! / le descrestamos / el culo / se fue al hoyo / capotó. / Ay no diría / mi mamá/ si estuviera / viva / ay no / ay no / ay no / yo me mato / me mato / me mato / Diría / mi pobre / viejita / Acelera Silvio / que los pacos / nos pisan / los talones/ pero antes / otro trago / por los carteles / “Si vas a conducir / no bebas”/ “Si vas a beber / no conduzcas”/ Un trago / por nuestro padre / alcohólico / muerto en accidente / Otro trago / por la cabeza / que no la siento / No descuides el volante / la volante / un volante / El furgón Silvio / el furgón / a toda marcha / ahora y en la hora / en que los pacos / nos pisan / los talones / Amén / Mi cerebro corre / a la misma velocidad / que el furgón / mamá/ que ganas / de abrazarte / mamá / qué lindo / sería / si me ayudaras / a llorar / Corto circuito / cambio / de caset / stop / mi vieja ya fue / Uso del lado B / qué ganas de saber / que eres / la palabra / que necesito, Laura/ A 140 llegaremos / más rápido/ y veremos / los manzanos / & el paisaje / & la casa /& la huerta, Laura / El furgón / vuela, Laura / Faltan mil metros / para la última / curva, Laura/ Me cagaste / con mi hermano /, Laura / Faltan 900/ 800 / 700 / 600 metros, Laura / Terry estará / esperándome / en el patio / El patio / donde jugábamos/ cuando éramos / chicos / En la cárcel / había / hay / habrá / un perro / parecido al Terry / Se llama Gerardo / como / el gendarme / Los pacos, Laura/ qué he hecho / con mi vida, Laura/.

Detención violenta con motor en marcha

No sabes qué razones te hacen temerle a esa curva. Tal vez recuerdas que allí tu padre encontró la muerte a bordo de un Ford rojo cargado de leña. O tal vez es otra cosa, que al fin y al cabo el viejo iba borracho, como siempre. Entonces acude de nuevo a tu memoria esa añeja canción de Ray Palaviccino. “Dile a Laura que la quiero”, creo que se llama. Esa canción que habla sobre un accidente, sobre una carrera clandestina. Y sabes, como en un sueño, que la letra de esa canción sólo calza con los días malos.

Y esa curva / la sentimos / en carne propia / Y esa curva / no la pasamos / y el vuelo / se prolonga / el paisaje / se prolonga / la tarde / se prolonga / las penas / se prolongan / todo se prolonga / el furgón / sube / a tres metros / sobre el suelo / patrio / Y luego cae / Como el verano / que cae / como las manzanas / que caen / como el viento / como la caída / de aquella tarde/ en que me botó / la yegua mora / fractura doble / golpe en las vértebras / El ripio suelto / nos acoge / La tierra / nos acoge / Venimos a caer / en medio / de la tarde / puros y bellos / como campanarios / a todo vuelo / Igual que el viejo / ¡Siutiquería pura / Silvio! / Después del gran / cometido / de la sangre / los hilillos rojos / de la sangre / que comienza / a inundar / la cabina, Laura / sangre manando, Laura / ojos desorbitados, Laura/ retorno interrumpido, Laura / Silvio no habla / ¡Silvio, por la chucha, / di algo! / ¡Silvio / no puedes / morirte así / debes volver / a buscar / a tus cabros / tienes que hacer / tu recorrido / debes volver / a los brazos / de Laura / Canta / cantemos todos / “Dile a Laura / que la quiero”/ Dile que la quiero / maricón/ Canta Silvio / No te mueras / por las rechuchas / Un último trago / No me dejes / bebiendo solo / Eres un maricón / malo pal trago / Arranquemos / de los pacos / Silvio / Los pacos vienen / a aguarnos / la fiesta / Arranquemos, Laura / Hasta la / eternidad, Laura.

Otro trago / y la sangre / continúa destilando / y aparece / por entre los fierros / del furgón / que se incendia / como una / pira, Laura/ ¿Te acuerdas / de la pira / para quemar ratones?/ Así arde / el furgón / así arde / el tablero / los vidrios / que explotan / las puertas / Los ojos de Silvio / que me ofrecen / el último trago / de la botella / que aún no / ha sido tocada / por el fuego/ Todo se está quemando / Soy el único / sobreviviente / el único / sobremuriente / El paisaje clarea / el fuego clarea / el fuego purifica / consume todo / alcanza el chasis / sube por los brazos / de Silvio / se incrusta / en su pecho / aparece / como una delgada / hebra de luz / entre sus manos / Todo se quema / el botiquín / se quema / Ancud completo / se quema / Chiloé / se quema / pedazos de maniquíes / con forma / de pincoyas / se queman / maderas / pelos babas/ los pendejos / que mañana / no podrán ir / al colegio / también / se queman / el fuego del patio / borra la cara / del gendarme / el gendarme / que a través / de la reja / me ofrece / un sorbo de agua/ me ofrece / una foto tuya / , Laura / me da / la bienvenida / “Estuvo corto / el viaje”/ me dice / y canta “Dile a Laura / que la quiero”/ la misma canción / que cantábamos / con Silvio/ cuando la casa / era / la casa/ Y yo regresaba / para siempre / a tus brazos, Laura/ y yo regresaba / para siempre / a tus ojos, Laura / Y yo regresaba / para siempre/ a la única / casa / que me queda / por habitar / Y esa casa / eres tú, Laura / eras tú, Laura.

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