Aún no termino de leer el libro “La Hermandad del Escapulario” y surgen grandes deseos de comentar la experiencia que ha sido estar en las islas por medio de la magia de la lectura, ir apreciando sus páginas escritas para el mundo infantil aunque el texto es para toda persona que le guste conocer y reconocer el trabajo de la autora Rina Cárdenas, quien ha tenido la motivación suficiente y la generosidad para plasmar las historias y relatos que se van hilando (como un telar) con mucha armonía y espontaneidad...

Quizás el haber vivido en Chiloé por un espacio de seis años, me permite comprender mejor lo que es habitar en la Isla Grande, el conocer las interminables lluvias de Diciembre a Diciembre pero que tienen la compensación de un verde que penetra por los ojos como protagonista del paisaje y el palpar el cariño fraterno de la gente, que por ser isleños saben querer y confiar en el afuerino, (hasta hace poco tiempo atrás era así) sin entrar a analizar mucho si tal vez esto se debe a la soledad que se vive allí o porque la ciudad nos va transformando en seres más huraños, por vivir con tan poco espacio. Aunque ya todos sabemos que Chiloé experimentó una mutación bastante notoria después del paso de las salmoneras. El “progreso” atrae gente, da trabajo, aumenta las viviendas, el transporte, etc. pero también hay otras secuelas.

Pero este libro de Rina Cárdenas no se refiere a estos temas, se refiere a vivir en las islas que quedan frente a Chiloé, Las Chauques. Es el Chiloé profundo el que se describe en estas páginas, el que relataban los antiguos, pese a que los personajes, los niños, son gente de hoy.

En este libro hay pasajes y frases en que quisiera detenerme:

“Pinté un sol para que entibie su cuerpo y vuelva sana mañana” este es el dictamen de la pequeña alumna que logra un efecto mágico en la profesora enferma, quien al día siguiente está completamente mejorada. Los ancianos que espantan males, eso es más conocido, pero para el que no cree o no ha escuchado de sanaciones de este tipo, cabe nombrarlas.

Tampoco es habitual para los que vivimos en el “continente” ver “un bote amarrado a una casa. Existen muy pocos lugares en el mundo donde hay palafitos.

Los títulos son llamativos también, por ejemplo “el verso que limpia”, que bueno es saber que la poesía o las letanías religiosas sirven para dar higiene espiritual y fortaleza frente a los miedos.

Y todo se resume en una frase: “alguien galopa en esta tierra de brujos”. Y son muchos los seres mitológicos que ya conocemos, pero en el libro nos son presentados como algo real y dando testimonio de su existencia, entonces lo irreal es real porque hay testigos que si los han divisado, así nos dice. “Vimos a la Pincoya, bailando a orilla del mar, parece que seguía el ritmo de las olas….su pelo de fuego. Nunca había visto una mujer tan linda". O bien “Mira ¡Una lluvia de estrellas! No son estrellas. Las estrellas no bajan del cielo a la tierra ¡son brujos en vuelo!"

Otro personaje mitológico es “El guardián de la cueva de los brujos, un ser deforme: el Invunche”. El escritor José Donoso nombraba en su novela “El Obsceno Pájaro de la Noche” a estos seres.

Se dan cita también peces tan raros que detienen la marea y por supuesto la lucha entre el mal y el bien entre la Recta Provincia o Secreta Sociedad de los Hombres Malos contra la Hermandad de los Chicos Buenos.

Abundan en el texto las frases poéticas como: las casas construidas con “escamas de alerce”, es una frase muy poderosa que me hace reflexionar sobre las casas de madera, de esa madera bastante eterna (2.000 años, con un crecimiento anual de 0,6 mm.) que en lugar de pudrirse con el agua se va apretando cada vez, convirtiéndose en pilotes tan duros como la piedra. Aquellas casas cercanas a la playa, o que surgen en las colinas más verdes del planeta, acosadas todo el tiempo por el mar, la lluvia y el viento, “se construyen con la textura de los peces”. Es decir el refugio de los seres que allí habitan ha experimentado una suerte de mimesis o mimetismo marino.

Hay otra frase que también me invita a pensar “les arranca del sueño con sus truenos y relámpagos”. El clima austral pareciera ensañarse con la gente y no sólo es una lucha constante contra el mal tiempo, sino que existe otro aspecto mucho más difícil para el foráneo, la existencia de misterios, en forma de diablos, brujos o demonios que se presentan dejando huella en una piedra de la playa o bien cuando se ven “candiles” durante la noche, a veces estáticos o móviles y que los isleños interpretan como “Reunión de Brujos”.

Los brujos representan la parte más enigmática y mitológica de las islas del archipiélago de Chiloé. En este mundo insular “ellos” han sido vistos reiteradamente y cuando se posan sobre una casa, seguro que alguien caerá enfermo. Son malignos y toman forma de pájaros, el Coo. Hay que emplear rezos e invocaciones para proteger las casas, además del mal tiempo, de estas criaturas que viajan volando con gran habilidad como si fueran pájaros y que también poseen facultades para convertirse mágicamente en perros de color negro.

Por momentos el libro ”La hermandad del escapulario” me parecía un texto del escritor García Márquez, quien también se inclina por narrar cosas reales y que nadie cree que lo sean por lo fantásticas. Pero es así, la narradora transcribe lo que ha percibido y escuchado durante mucho tiempo a sus ancestros, tal vez durante su niñez o desde mucho antes y esas historias la siguieron por todas partes hasta que decidió no olvidarlas y hacerlas vivir de nuevo mediante el texto literario y lo coloca ante nuestros ojos para que conozcamos, degustemos, disfrutemos de estos paisajes de inconcebible belleza, de estos vientos de pureza marina, de estas playas inaccesibles, de esta forma de vivir autosuficiente, manera tan distinta a la del hombre urbano, del niño urbano que a través de su ventana también verá lluvia, pero luego sólo observará cemento. En cambio acá Arnoldo, el niño de la isla, intenta ver tras la lluvia al brujo, desde su ventana, sobre la arena de la playa, el mar que está casi a los pies de su casa.

Quien ha vivido en Chiloé, quien ha transitado por sus colinas, valles, senderos, riberas y calles apreciará la descripción que hace la autora de la vida cotidiana cerca del mar, donde el protagonista pareciera ser el clima y la lluvia no es una invitada, es alguien que se extraña cuando falta. Aún cuando la vida se teje en torno “al tiempo bueno” que es aquel que permite sembrar y cosechar rápidamente y en comunidad antes que de nuevo llegue la tormenta.

Sin embargo, en este libro no es la lluvia, ni la cultura chilota, ni los miedos, temores y enfermedades que se sufren, ni los brujos que sobrevuelan las casas, tampoco la nostalgia, yo creo que este libro intenta rescatar un valor que existe en esa zona insular, es la fraternidad, la solidaridad, la Hermandad o humanidad que se vive.

De donde proviene esa hermandad?, del corazón de los niños?, guiados por un ser mayor y más sabio, Mañuco Azul, luego que éste cae enfermo será delegado al cartero del pueblo, llamado Bienvenido. Los seis niños prometen ayudarse especialmente cuando existan tiempos difíciles, no todo será jugar en este mundo, ni estudiar. Las reuniones son el pórtico de la iglesia, para sentir el respaldo divino quizás. La religión es una actividad importante y de las pocas que existen, por lo alejados que están. El cura va solamente una vez al mes a visitarlos, son los “fiscales”, quienes le reemplazan en sus funciones el tiempo que ellos están ausentes.

Unos dirán que la bondad, la hermandad proviene del corazón del hombre, otros más racionalistas opinarán que es debido a lo difícil que es vivir allí, y es producto del instinto de sobrevivencia el que los inclina a apoyarse mutuamente, otros que es producto del espíritu jesuita y franciscano que quedó, o bien mientras nos mantengamos niños, puros, podremos unirnos para ayudarnos sin egoísmos.

El escapulario es un colgante de género, que lleva una imagen religiosa y generalmente se usa cuando alguien inicia largos viajes, como protección, hacia las islas más distantes del archipiélago, o hacia Puerto Natales, Punta Arenas, Coyhaique o Ushuaia, (Argentina). Es un objeto especial, que las personas llevan cerca del corazón para sentirse más seguros contra todo mal que pueda acontecerles o perseguirles. La gente de mar, los buzos que realizan trabajos tan peligrosos, del que no todos salen indemnes, suelen usar este objeto.

Queda tarea para el lector, que con este texto hermosamente ilustrado con dibujos de batik, realizado por pacientes de Oncología del Hospital Regional de Concepción, lo que le da un a enorme relevancia, dado que une el arte pictórico a la terapia, sea muy leído y de distinta manera, con la imaginación y riqueza de cada uno.

No queda más que felicitar a Rina Cárdenas, la autora quien a podido publicar a través de un Proyecto del Fondo de Cultura y las Artes en la promisoria editorial Okeldan, que dirige el Dr. Medardo Urbina, ha tenido el acierto de darnos a conocer esta joya que nos habla de la vida en el archipiélago y que al leerlo uno no podrá eludir el traslado al lugar aquel, rodeado de mar por todos lados, en que nos acosan, además del clima, la belleza, la fraternidad, los brujos que nos vienen dando alcance con el viento a favor.

 

San Pedro de la paz, 21 de Septiembre 2011.

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